| La cabeza de Hidra |
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A los miembros de Al parecer algunos periodistas, ávidos del más barriobajero sensacionalismo amarillento, han encontrado un filón inagotable. Una situación que se repite a diario en cualquier zona rural de nuestra tierra, como es la aparición de un ejemplar de alguna de las especies de culebras que integran la rica biodiversidad granadina, y que casi siempre va seguido de algunas carreras y habitualmente la muerte de la bicha, ha pasado a convertirse en titular de periódicos de ámbito nacional y portada de programas televisivos de media tarde. La cosa no debería haber ido más allá de la sencilla solución ofrecida por el área de Medio Amiente del Ayuntamiento de Motril; capturar al ejemplar y liberarlo en otra zona pues se trata, al igual que el resto de nuestros reptiles, de una especie protegida, al menos sobre el papel. Pero no, había que aprovechar la situación, dejarse llevar por la histeria de algunos vecinos que siguen considerando a cualquier bicho que se arrastre como la más elaborada de las reencarnaciones del diablo. Bastante tienen ya estos interesantes componentes de nuestra fauna con la retahíla de falsas leyendas que a lo largo de la historia se les han atribuido. Caballeros y dragones, aliadas de Lucifer, ladrones del lácteo alimento de los bebes y para colmo el logotipo de un grupo terrorista tan por desgracia conocido por todos.El asunto que nos impulsa a opinar no es ya la suerte que le depara a la pobre culebra de los pisillos. Ya está echada, caerá víctima de una marabunta ejecutora que triturará su escamosa piel. La solución, si no se lleva a cabo de forma profesional y ofreciendo información contrastada y veraz, solo servirá para engordar aún más el saco del odio generalizado e incrustado en lo más profundo de nuestro ser que casi todos tenemos hacia las serpientes y demás parientes de sangre fría. ¿Quién es esta misteriosa SEÑORA a la que los bomberos de Motril atribuyen “cientos” de crías? ¿A qué se dedicaba todo el día tumbada “a la bartola” en el tejado de esta humilde barriada? No creemos que utilice su bífida lengua para criticar a los viandantes o a comerse a los hijos de estos. Más bien para localizar y devorar a las ratas y ratones que anidaban en el viejo tejado. ¿Se han preocupado los periodistas por saber de qué especie se trataba y cual era su biología? Al parecer no, aunque por supuesto tampoco tienen toda la culpa, otros organismos y autoridades han seguido su ejemplo. Desde nuestra Asociación hemos intentado contactar sin éxito con los responsables del cotarro para ofrecer alguna solución sencilla, pero parece que lo más apropiado en esta situación es un espectacular gaseado. A esto se reduce la “quimica” que puede surgir entre humanos y reptiles. Resulta muy triste que una simple culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis) levante tanto revuelo. Ya casi es un milagro encontrar alguna que supere el metro y medio de longitud y sólo ponen entre 4 y 11 huevos, nunca cientos, y al contrario que las cobras o anacondas no vigilan ni sus huevos ni sus nidos. Flaco favor se le ha hecho estos días al conjunto de nuestra fauna herpetológica, tan necesitada como está de buena prensa y adecuada divulgación de su biología y sus graves problemas de conservación. El batiburrillo de personajes que han intervenido en esta película (que vaya tomando nota algún director de cine, pues aquí tiene ya mascada la enésima versión de Anacondas o Serpientes en el avión, pero al estilo cañí), algunos de ellos intentando convertirse en protagonistas de la nueva temporada de Nacional Geografic (con su genial idea de capturar a las serpientes con un conejo enjaulado), pasaran a la historia como auténticos héroes en la secular batalla entre humanos y serpientes. Proponemos una colecta para el monumento que tan meritoriamente se han ganado. Proponemos humildemente que en vez de gasear a las serpientes se les invite amablemente a trasladarse a otra barriada motrileña, La Fabriquilla, donde los vecinos acaban de denunciar la existencia de otra plaga, en este caso de roedores e insectos, tal y como publica el diario Granada Hoy. De este modo las culebras contribuirían a restaurar el alterado equilibrio ecológico, reduciendo el número de molestos roedores.
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