| UN DIA EN EL MUSEO (DE HISTORIA NATURAL) |
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Londres como ciudad tiene indudables atractivos, desde España se organizan viajes para pocos días, hazaña hace pocos años impensable, pero la red aérea actual con el trasiego de viajeros ingleses y españoles ofrece múltiples combinaciones que permiten adaptarse a los fines de semana y puentes a lo largo del año.
La visita obligada en la capital inglesa incluye el Palacio de Buckinham, la Torre de Londres, el Big Ben, el Hyde Park y muchos etcéteras, pero no tanta gente dedica una parte de su tiempo a los museos y de estos el más olvidado es el Museo de Historia Natural de Londres.Lo primero que sorprende es el propio edificio, un edificio victoriano esplendido tanto por su grandiosidad como por su equilibrio de formas, constituye uno de los legados de la Gran Exposición de 1851, promovida por el Príncipe Alberto, consorte de la Reina Victoria ; el interior no deja de encantarnos ya que nada mas entrar nos recibe un esqueleto de diplodocus de 26 m en la gran sala central, que reparte a las distintas salas laterales, curiosamente las paredes están decoradas con altorrelieves que representan motivos animales a modo de fósiles. El ambiente victoriano se respira, nada mas subir una escalinata nos recibe Charles Darwin sentado en su cátedra de piedra y nos recuerda el 200 aniversario de su nacimiento, otros eminentes científicos también tienen sus esculturas en el museo como Richard Owen y Joseph Banks.
Las colecciones científicas recorren la vida animal en todas sus formas, destacan las de los grandes vertebrados, concretamente la sala de los cetáceos y grandes ungulados, con una maqueta tamaño real de la ballena azul y encima un esqueleto real del cetáceo que demuestra las dimensiones de este mamífero. Después de tanta literatura sobre naturaleza y de releer textos que hablan de las recientes extinciones, no puede uno dejar de tener nostalgia de otras épocas cuando contempla al móa, el alca gigante, la paloma viajera, la vaca marina de Steller, los dodos y el lobo marsupial entre otras especies desaparecidas. La fauna del pasado cuenta con una sala de dinosaurios y también están los grandes mamíferos del terciario repartidos por distintos sitios. La herpetofauna tiene su representación en una galería cercana a la sala central, aunque son pocas especies las que se exponen, son muy representativas en cuanto a sistemática así nos encontramos unas vitrinas dedicadas a los anfibios con réplicas de la salamandra gigante japonesa junto a su esqueleto, las salamandras comunes y alpina, nuestro gallipato tiene también una maqueta, entre los anuros resulta curiosa la representación del sapo de espuelas con un dos ejemplares uno de ellos saliendo del suelo, las cecílias cuentan con algunas maquetas. Los reptiles tienen alguna vitrina más, los grupos están representados con algunas especies, algunas disecadas y otras replicas naturalizadas, resulta curiosa la sección longitudinal de una tortuga terrestre, el tuatara, los esqueletos de serpientes, lagartos y un gran cocodrilo. En comparación la muestra herpetológica puede resultar escasa, pero compensa el criterio de selección ya que las especies representadas son las imprescindibles para hacer un recorrido en la organización de estos grupos animales. Es una visita que ocupa una jornada completa para un recorrido más o menos rápido, para una visión mas detenida no hay que dejar de ver las salas de los minerales, de la geología, los archivos botánicos y otras disciplinas organizadas en bloques temáticos que no deja indiferente al visitante. Lo dicho, en el próximo viaje a Londres, es recomendable guardar un día para el Museo de Historia Natural, no defraudará.
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